Los 30 y el fin del mundo.

En la lucha
Los 30: En la lucha.

Dicen que los 30 son los nuevos 20, aún así, sigue siendo la primera edad más temida del hombre. Para muchos significa la entrada a la “segunda edad”, técnicamente dejar de ser “joven” (chino, sardino, pelao, pipiolo) y volverse “grande” (arruga, anciano, cucho, señor/a)….la recta inicial hacia los 40…es decir, para no darle más vueltas al asunto; vejete y punto.

Hay muchas edades a las que aspiramos en algún momento de la vida. Recuerdo tener 9 años y querer tener 12. En teoría la ventaja inmediata era poder entrar a películas clasificadas para esa edad, aunque por favor…eran los 80, uno básicamente podía comprar guaro, media de Marlboro y de paso alquilar Robocop a los 8 años. Parte de mi educación sexual e introducción a la violencia provino de Terminator, Commando y una película llamada “La Venganza de los Ninjas” (una joya).

La Venganza de los Ninjas
La Venganza de los Ninjas

Después llegan los anhelados 15 y aquella ilusión de perder la virginidad. Para las chicas la gran fiesta en un club o salón comunal (algunas escogían viaje y acariciaban en silencio la esperanza de conocer a su príncipe azul en un crucero) y es a esta edad, cuando generalmente observamos y/o experimentamos de primera mano aquellas incipientes y épicas borracheras adolescentes, idealmente con licores en caja.

Por fin, 18! Cédula, pase (con algunas excepciones a los 16), votar, poder entrar a la disco, al club, al bar y a cuanto chuzo se cruce en el camino, lo que implica borracheras legales, una que otra pelea y claro está, sabérselas todas. A esa edad uno ya es experto en temas de vida y es evidente que los papás básicamente son dos seres que nacieron viejos, están pintados en la pared y no tienen la más remota idea de cómo funciona el mundo.

De ahí en adelante pasa de todo en la vida a diferentes edades. Está la universidad, los amores, la farra, viajes, bonches, hijo(s) (no precisamente “planeados”) para algunos, borracheras, alegrías y tristezas, trabas, conciertos, corazones rotos, tener banda, ser DJ, deportes, trabajo, emprendimientos, embarradas, accidentes, etc, etc, etc.  Pero, en un día, una semana, un mes o un año cualquiera, sin previo aviso, empezamos a cuestionar nuestras percepciones e intereses y el mundo empieza a verse algo diferente.

Mi primera señal de alerta fue cuando noté que había cédulas con 10 números y la mía tenía 8. Por dios, la gente nacida en los 90 ya era mayor de edad! Súbitamente me sentí más cercano a mi tío y su cédula con afro aplanado, patillas y corbata que a mi primito fanático de Max Steel que hackea iPads en su tiempo libre.

A partir de ese momento empecé a ver señales en todos lados. Mi héroes de infancia ya eran retro, mis bandas favoritas sacando discos pésimos, me nombraban bares y música que ni sabía que existía, los guayabos cada vez más intensos, los torneos de PlayStation cada vez más escasos y para colmo de males, mi referencia de “ídolo adolescente” era Britney Spears que ya tiene como 40 años.

retro
¿Cómo así? ¿Ya no los dan?

Y así, poco a poco, va llegando el momento en el que uno ya empieza a notar la ausencia de ciertos amigos: los que se cuadraron. Todos sabemos lo que sucede recién cuadrados; sexo, rumba, noche, amigos, uno puede tomarse una botella de vodka solo como si nada, pasar derecho bailando y después rematar fresco en casa de un desconocido para finalmente hacer su entrada triunfal al hogar materno a medio día, (si, cuando están sirviendo el almuerzo) pálido, con gafas oscuras y un guayabo el hijue…

Después de los 25 tiende a relajarse un poco la cosa. Pueden llegar los primeros intentos de volar fuera del nido. Se empiezan a notar tímidamente y en la distancia los beneficios perdidos del hotel mamá. Uno empieza a reconocer la necesidad de aprender a cocinar. Las primeras relaciones serias hacen su aparición y un extraño sentido de responsabilidad empieza a apoderarse de nosotros. Estamos creciendo.

Se siguen acercando los temidos 30… el parche se va calmando, hacen mella en nosotros conceptos como enchonche, arrunchis, cucharita, peliculear, cocinar, cine…uno no deja de salir… todavía protagoniza apariciones espontáneas en cumpleaños, asados, una que otra farra, conciertos y similares, pero es inevitable sentir que “la música ya no es como antes”, “todo el mundo se abrió”, “ya no me encuentro con nadie” o por el contrario “que mamera salir a ver a la misma gente de siempre” y el clásico “si me toca pagar cover, no entro”. Y es ahí, probablemente en la misma entrada a ese bar de EDM que no conocíamos, donde progresivamente nuestros miedos se empiezan a materializar y observamos estupefactos, como venado a punto de ser atropellado, lo inevitable: no hay reversa, se acabó, deje así, apague y vámonos. Siguiente escena: se desliza lentamente bajo la puerta una invitación de matrimonio (de alguien de nuestra misma edad o incluso menor).

La crisis se agrava cuando uno cumple 29. Un año entero para intentar asimilarlo, pero este fantasma ronda por Facebook cambiando las fotos de perfil de nuestros amigos por fotos de bebés (y no, no son ellos de pequeños). Las selfies de borrachos en fiestas y paseos se van viendo desplazadas progresivamente por fotos en corbata, ellas en vestido, rodeados de desconocidos, con el logo de una empresa detrás y alguno sosteniendo un diploma. El álbum más reciente se llama: Almuerzo familiar.

Un día finalmente ocurre. El cumpleaños número 30. Generalmente hay dos tipos de celebración: 1. Depresión total, no quiero nada, que nadie me llame. 2. Una fiesta bombásti-k-elefantástika, seré joven por siempre never change.

gameover

En lo personal, dos años me dieron duro, los 30 y los 31. Los superé como a los 33. Mi teoría es que igual a lo que sucede con las décadas de la historia moderna, el cambio es progresivo. Me explico; 1963 todavía parecía los 50s. 1973 tenía una vibra sesentera, ni hablar de 1983, era el último suspiro de los 70s, 1993 parecía unos 80’s tardíos y no se puede negar que en el 2003 hasta ahora nos estábamos sacudiendo nuestro legado noventero. Teniendo lo anterior en cuenta, los 30, los meros 30, se sienten como los tardíos veintitantos en negación.

Pero no todo son penas, los 30 llegan con nuevas oportunidades. Por un lado uno se empieza a “organizar” (le tuve pánico al tema durante 32 años). Uno quiere avanzar laboralmente, sentimentalmente, académicamente, personalmente y todos los demás mentes. Se accede a un estado de conciencia en donde uno ya entiende que aunque la plata no crece en los árboles ni llega en un sobre debajo de la puerta, uno ya se puede dar sus gusticos sin tanta sufridera. Que la ropita bacana, la bici que quería, el compu, el viaje de los sueños …

Los 30 nos invitan a ser todo lo adultos e infantiles que queramos. Todo está permitido. No tenerla clara también es una opción. Todavía aguanta salir de farra, pero quedarse en casa un viernes empieza a verse como una alternativa tentadora. Cocinar con los amigos, tomarse unos tragos, levantarse al otro día a trotar, e ir después al trabajo, sea cual sea, parece cobrar algo de sentido. Perseguir los sueños ya tiene una lógica renovada y encontrar nuevos sueños es bastante común.

Muchos de los que tuvieron hijos antes de los 30 ya pasaron por algunas de estas, ya estan “curtidos” en el cuento de “las responsabilidades”. Incluso algunos, cansados de tanta paridera y de haberse perdido cosas en el pasado, ingresan a su segunda adolescencia. Igual no es un secreto que de muchas formas la vida de adulto es una trampa. Cuando uno tiene 12 quiere tener 30. A los 30, algunos darían lo que fuera por volver a los 12.

Los 30 nos aportan sabiduría y responsabilidades mientras coleccionamos viajes, juguetes, amores, videojuegos, experiencias, gadgets, música, ropa, o lo que sea que nos haga felices. Nos volvemos una mejor versión de nosotros mismos y nos casamos porque queremos, si es que queremos. Seguimos en la lucha. La gente “mayor” dice que en retrospectiva es la mejor década de la vida. Donde se equilibra la juventud y la adultez. Donde ya tenemos ciertas cargas y responsabilidades pero todavía tenemos derecho a seguir pensando; “cuando sea grande…”

por Juan Camilo Osman // Twitter @juancamiloosman //  www.firestudio.com

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